Somalia como espejo
Economía de palabras
Un país de importadores
Humberto Vacaflor Ganam
Las papas que se consumen en La Paz y El Alto son producidas en Perú, igual que las cebollas y los tomates.
Por otro lado, la gasolina que llena los tanques de los vehículos bolivianos es comprada de Chile, mientras que el GLP llega desde Argentina. Las “pasankallas” que se venden en Copacabana son, en realidad, hechas en el Perú.
Y ya sabemos de dónde viene la ropa que se vende en Bolivia, nueva o casi nueva. La explicación de un informe oficial sobre el tema de las papas o las cebollas peruanas es que en el departamento de La Paz el nivel de ingresos de la gente no permite competir con los costos de producción de Arequipa.
¿Qué actividad económica genera este tan alto nivel de ingresos de los campesinos paceños, a tal punto que no puedan producir ni papas ni cebollas? Hay actividades ilegales que están detrás de esta situación. El contrabando, la coca y la droga.
Si esta situación es buena para los agricultores de los países vecinos, lo es también para todos los importadores.
Dicen que nunca las empresas importadoras de automotores habían tenido tantas ventas como ahora. El parque automotor sigue creciendo a pesar de que está prohibida la importación de vehículos usados fabricados antes de los últimos cinco años.
Los balances que hace el ministro Luís Arce Catacora, y repiten algunos “expertos” en economía, está lleno de orgullo por el nivel de la demanda en Bolivia. La macroeconomía está bien, dicen esos expertos.
¿Pero, estamos yendo por buen camino? Una situación similar se daba en Somalia en los años ochentas. Todo se importaba y sólo se producía la droga llamada “khat”.
Las actividades ilegales se fueron imponiendo de al manera que pronto el Estado somalí dejó de existir. Expiró. Allí, donde había un país llamado Somalia, desde 1991 sólo existe un territorio sin leyes, de donde parten barcos piratas que dominan en el océano Índico. Los productores de “khat” se han organizado y ahora tienen sus propias leyes, que rigen sólo en el territorio comprendido por los cultivos de esta droga. Un territorio del tamaño del Chapare boliviano.
¿Estamos yendo bien? ¿Podemos estar orgullosos de lo que podría ocurrir con Bolivia si las actividades ilegales llegaran a imponerse y desalentar a las legales?



