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El capitlaismo agradece

domingo, 18 de octubre del 2009 a las 09:47

Recuerdos del presente

El capitalismo agradece

Humberto Vacaflor

En esto de oponerse a la economía estatizada, o por lo menos en hacerla quedar en ridículo, hay algunos países que han demorado más que otros. Es un ejercicio interesante que vale la pena repasar.
Los soviéticos, por ejemplo, demoraron setenta años para demostrar que por el camino del estatismo se llega directamente al desabastecimiento y a la derrota política.
Cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (plurinacional, como nosotros) quedó destruida, el estatismo había acabado con todo, incluso con el buen vodka.
Los cubanos, en cambio, lo hicieron mejor. Llegaron a demostrar en solamente cincuenta años que el estatismo es un desastre. A estas alturas la libreta de abastecimiento que tienen las familias ha sido anulada, porque el Estado socialista tiene que importarlo todo, desde las cebollas, de Estados Unidos.
Los bolivianos estamos perfeccionando, con el paso del tiempo, el método para demostrar que el estatismo no sirve. En la anterior etapa habíamos demorado solamente treinta años en ese propósito. La mejor prueba del desastre llegó cuando pudimos producir una libra de estaño a un costo de siete dólares para venderla a dos dólares. Eso fue en 1984, exactamente 32 años después de la gloriosa “revolución de abril” (de abril de 1952).
El resultado que se logra con estas demostraciones es que el pueblo queda convencido de que, realmente, el estatismo no sirve para nada. Y que es preciso acabar con las empresas estatales. Fueron los sindicatos mineros los que, en 1986, impusieron el cierre de las empresas mineras antieconómicas porque preferían recibir  montos de retiro mayores a los que dicta la ley. Siempre recuerdo a mis amigos Simón Reyes y Filemón Escóbar tratando de salvar del cierre a algunas empresas, pero derrotados por la decisión de las bases que preferían recibir los retiros extraordinarios, y que la mina sea cerrada.
Eso había sido un récord. Lo que los soviéticos demostraron en setenta años y los cubanos en cincuenta, los bolivianos lo habíamos demostrado en solamente treinta años.
Pero ahora estamos dando el espectáculo único, extraordinario: demorar solamente cuatro años en llevar las empresas estatales al fracaso.
Desde enero de 2006 hasta ahora hemos sido capaces de mostrar que YPFB y Comibol no sirven para otra cosa que no sea producir escándalos.
Con el anterior presidente de YPFB en la cárcel después de haber cometido irregularidades que todavía no terminan de revelarse por completo, la empresa se ha convertido en el mejor motivo para que el país importe combustibles. Nunca, como ahora, habíamos gastado 530 millones de dólares por año en la importación de combustibles y lubricantes.
Comibol ha logrado también otro récord. Ha convertido a la empresa Huanuni en antieconómica en solamente dos años, lo que es una hazaña si se recuerda que ese mismo resultado fue logrado en treinta años durante la anterior época estatista.
Sin contar con el hecho de que la empresa estatal de la minería consiguió ahora hacer fracasar un proyecto antes de que comience a operar, como es el caso del Mutún.
¿Cuál es la fórmula para tener estos resultados? Una dosis de corrupción en un caldo de burocracia dentro de una olla llena de ingenuos, con la ayuda de medios que o no informan o miran para otro lado.
No falla nunca. Y el capitalismo, pues, agradecido.

Cambio urgente en la ley de hidrocarburos

lunes, 12 de octubre del 2009 a las 13:03

Nueva política petrolera

Las preferencias que tiene el consorcio Petroandina (YPFB-PDVSA) están abarcando demasiado, pero podrían estar abriendo el camino a un cambio en las condiciones que rigen para las demás petroleras que operan en Bolivia. Para confirmarlo, el gobierno propone definir una nueva política de Estado sobre hidrocarburos.

La semana pasada se confirmó que el consorcio es conducido, en la práctica, por la parte venezolana y que goza de una virtual extraterritorialidad ante las normas para las empresas estatales. No cumple, a pesar de que YPFB es la socia mayoritaria, las normas de la ley Safco y ha cometido graves faltas ante el Sistema de Impuestos Nacionales (SIN).

Originarios sosegados: El aporte más valioso de este consorcio es haber hecho meditar al presidente Morales sobre la capacidad de veto que él mismo les dio a los pueblos originarios cuando se trata de la explotación de recursos naturales. En efecto, los pueblos originarios estaban autorizados a poner toda clase de obstáculos a las operaciones económicas, sobre todo del sector petrolero, donde cobraban por todo y por nada, a cambio de aprobar las licencias ambientales.

Fue providencial que Petroandina se propusiera ingresar al norte de La Paz y los originarios de la zona se opusieran, porque a partir de ese momento el gobierno comenzó a meditar sobre ese método. El presidente Morales llegó a decir, cuando se enteró de que los “mosenetes” y los “lecos” no querían que Petroandina ingresa a sus territorios: “Y ahora, ¿de qué vamos a vivir?” (ver Siglo 21 N. 1080).

Fue la señal que necesitaban los funcionarios a cargo de estos trámites para poner a un lado las objeciones de los originarios. “Las licencias ambientales se están convirtiendo en un obstáculo”, llegó a decir el presidente de YPFB, Carlos Villegas. Las petroleras miran con interés los triunfos de Petroandina sobre las normativas bolivianas. Si las licencias ambientales fueran eliminadas o por lo menos suavizadas, algunas inversiones podrían concretarse. En el caso del norte de La Paz, el gobierno ha mostrado que ni siquiera los parques naturales necesitan ser respetados con tanto afán. El gobierno boliviano se estaba aproximando a la actitud del gobierno de Perú, que tuvo dificultades para el ingreso de petroleras a la región amazónica.

Cambio en las tierras bajas: El cambio de actitud del gobierno boliviano no es resultado de un error o de una simpatía especial hacia la empresa estatal venezolana: tiene que ver con la escasez de inversiones en Bolivia. Por el momento, el gobierno está poniendo orden en las tierras bajas, reduciendo la autoridad de los originarios en la concesión de las licencias ambientales.

La tarea más difícil la está dejando para después: poner orden entre los originarios del occidente que tienen la costumbre de apoderarse de explotaciones de recursos naturales. Los votos de los originarios de las tierras bajas son muchos menos que los de las tierras altas. Quizá eso explique la decisión del gobierno de dejar esta tarea para después de las elecciones de diciembre. Pero es evidente que Petroandina vino a cambiar profundamente al gobierno boliviano.

En Contra-inteligencia somos buenos

sábado, 10 de octubre del 2009 a las 12:21

Recuerdos del presente

 

Imperialismo ineficiente

 

Humberto Vacaflor

 

Quiero sumarme a las palabras de S.E., el presidente Evo Morales, cuando critica al imperio norteamericano. Pero quisiera hacer algunas precisiones.

No critico al imperialismo por el capitalismo que practica porque es la filosofía económica que se acomoda mejor a nuestros fenicios, los aimaras.

Sin el capitalismo, nuestro propio presidente seguiría corriendo detrás de los autobuses en Orinoca, y ya estaría bien cansado. En cambio, a tiempo, partió hacia el Chapare donde reina el más puro y salvaje de los capitalismos, a tal punto que llega a ser inmoral.

Sin el capitalismo no tendríamos las ferias ni los mercados y estaríamos tan desabastecidos como los cubanos, que ahora vuelven al capitalismo, y no les da vergüenza, ni pena, hacerlo en vida de Fidel Castro.

Pero lo que me molesta del imperialismo es su ineficiencia en algunas cosas específicas. Nosotros, los bolivianos, con el sudor de nuestras frentes mandamos regularmente a algunos oficiales del ejército para que aprendan inteligencia y, si pueden, contrainteligencia en le Escuela de las Américas.

Por los resultados que estamos viendo en estos días, los instructores imperialistas no son competentes. O es que ponen demasiado acento en aquello de la contrainteligencia, que suena a lo contrario de inteligencia.

Uno de nuestros mejores oficiales estuvo no una, sino dos veces, haciendo ese curso y lo que ha venido a hacer aquí es una demostración de la pésima calidad de la enseñanza en la mencionada escuela.

Ha armado un escenario de inteligencia en Pando con tanta torpeza que nos pone en la disyuntiva de tener de vicepresidente a un preso político en lugar de un ex terrorista.

Luego, este estudiante de la Escuela de las Américas monta, en colaboración con algunos ex terroristas nacionales, un operativo de contrainteligencia que ha salido muy complicado. Creo que no entendió aquello de contrainteligencia.

Por las pruebas que ha mostrado Carlos Valverde en la Tv, nuestros especialistas en contrainteligencia no se percataron de que el grupo de los terroristas que habían infiltrado estaba ya infiltrado por otros especialistas que, además de ser muy buenos en inteligencia, son unos fotógrafos consumados.

Nuestros oficiales de inteligencia fueron retratados en todas las poses junto a los terroristas cuyo único mérito fue haber puesto una bomba en la casa del Cardenal Terrazas, cuando él estaba ausente. Parece que no querían dañarle los tímpanos.

Lo cierto es que ahora todo el operativo de inteligencia, pero sobre todo el de contrainteligencia, está afectado. No sabemos si los terroristas eran húngaros que fingían ser bolivianos o bolivianos que fingían ser croatas musulmanes o combatientes del EGTK.

Y todo es dejado en las manos de un fiscal que ya no entiende nada y de un diputado potosino de sonrisa permanente que ha decidido rastrear a los que conocieron a los terroristas y a los dueños de los hoteles donde se alojaron. Tiene la idea de perseguir luego a todos los que hubieran comido alguna vez un plato de “gulash” húngaro. Felizmente, el que yo como es de la versión vienesa.

Como resultado de todo esto, yo diría que hay que cerrar la Escuela de las Américas. O revisar el currículum de los profesores. Y mientras eso no ocurra, tendríamos que mandar a nuestro oficiales que quieren estudiar inteligencia a la Academia del Inspector Clouseau de París. Es más seria.

Plaga de estafadores

domingo, 27 de septiembre del 2009 a las 04:00

Recuerdos del presente Los estafadores de siempre Humberto Vacaflor Unos vivos que ofrecían pagar hasta 20% de interés mensual a los ahorristas, y que acaban de desaparecer junto con los ahorros de cientos de incautos, no inventaron nada. Esto lo vivió el país en los años 80 y es muy raro que las autoridades del sector no lo hubieran detectado a tiempo. Un funcionario de Asobán dijo que, en este caso, no se trata de falta de regulación, sino de control. La regulación existe, y es una de las más severas porque, en efecto, fue elaborada después de las traumáticas estafas de hace tres décadas. Hay algunos elementos que permiten comparar estos dos momentos, el de ahora y el de los años 80. Quizá se pueda establecer un patrón para entender en qué momento surgen estos estafadores. Se necesita, como telón de fondo, un clima de incertidumbre política y de inseguridad para las inversiones. Por ejemplo que exista un trauma político que no termine de parir una nueva realidad, como ocurría en los 80 y como ocurre ahora. En ese clima, la gente no invierte. Ahora, por ejemplo, según datos del presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF), Enrique García, la tasa de inversión en Bolivia es de 13% del PIB. El Ministro de Economía, Luís Arce, dice que esa tasa es de 17%. De todos modos, el promedio de América Latina está por encima de 26%, muy lejos de ambas cifras. Es decir que tenemos la tasa de inversión más baja de la región. Eso significa que los ahorristas tienen miedo de invertir en iniciativas económicas, están preocupados por la muy baja tasa de interés de los bancos, y quisieran encontrar alguna formula para hacer que su dinero rinda más. Tanta incertidumbre habrá sobre el clima de inversiones en Bolivia que el Rey de España, interpretando también a los bolivianos, preguntó al presidente Evo Morales sobre las seguridades jurídicas para las inversiones. Las seguridades que dio el presidente Morales a su colega Borbón (ambos odian la palabra república) no coinciden con la realidad. Mientras el caudillo boliviano hablaba con el monarca español, los ayllus del altiplano estaban preparando nuevas ocupaciones de minas de propiedad privada. Por lo tanto, las seguridades del gobernante boliviano no son muy seguras. Quizá por eso la Repsol decidió invertir en Bolivia, tras la gestión real, 1.600 millones de dólares en cinco años, un monto insignificante comparado con los que invierte en otros países de la región. Es que la Repsol tiene otras opciones para invertir, comenzando por Cuba, un país serio que cuando da garantías es porque el partido comunista lo ha ordenado. Además, Cuba es una nación (no 36) con un Estado con autoridad indiscutible sobre todo su territorio. Eso ayuda. En cambio, nuestros ahorristas no tienen tantas opciones, ni aquí hay un Estado ni un partido serio como en Cuba. Y caen en las trampas de las financieras. El panorama empeora si la Autoridad Financiera, como se llama ahora la Superintendencia, está ocupada en otras cosas. Vienen los cazadores de incautos, ponen sus trampas, hacen sonar unos cantos de sirenas bien disimulados, y a cosechar. El narcotráfico puede pagar tasas de interés muy altas, dicen los conocedores (lo decían también en los 80). Pero estamos hablando de un sector que tampoco puede dar seguridades. Es el verdadero blindaje de la economía boliviana, hace aportes a la política, pero todavía sigue proscrito.

El satélite de Evo

domingo, 20 de septiembre del 2009 a las 17:48

Recuerdos del presente

Mentiras en órbita

Humberto Vacaflor

Los candidatos deben saber que tienen que tamizar sus mentiras. No tendrían que exagerar en sus ofrecimientos.
El ofrecimiento más excéntrico que se ha hecho hasta ahora en esta campaña electoral es el del satélite artificial. La idea es gastar 406 millones de dólares, como hizo Venezuela en octubre del año pasado, para tener un satélite hecho en China, que tendrá, con suerte, una vida útil de quince años.
Un monto tan grande podría servir para otras cosas. Por ejemplo para poner una cama por paciente en los hospitales, a fin de que no las sigan compartiendo. O para mejorar las escuelas. O los caminos.
La capacidad del satélite venezolano excede la demanda de los científicos de ese país, que no son muchos. Por lo tanto, con mucha sabiduría, Uruguay cedió su derecho a contar con un satélite propio al país de Hugo Chávez a cambio de usar 10% del Simón Bolívar, lo que da a los uruguayos mucho más de lo que necesitan en comunicaciones satelitales. Y gratis.
La ventaja de los uruguayos es que cuando estaban haciendo ese arreglo con Venezuela, no estaban en medio de una campaña electoral.
El presidente Evo Morales podría aprovechar los estrechos lazos que le unen a Chávez para pedirle que ceda a Bolivia otro 10% de la capacidad del Simón Bolívar. Podría decirle que sabe que la capacidad de ese satélite no ha sido usada ni siquiera en 30% hasta ahora por los venezolanos.
Los venezolanos dicen que en 2013 lanzarán su propio satélite, aunque sólo porque su presidente quiere que su país sea una potencia de veras y no simplemente un país que vive exclusivamente de ser el proveedor de petróleo, pesado, a Estados Unidos. Habrá que desearles mucha suerte a los venezolanos en ese lanzamiento, para que no les pase lo que a los brasileños en 2003, que hicieron varios intentos fallidos hasta que optaron por seguir confiando en el satélite “De coleta de dados” lanzado en Estados Unidos en 1993. Sirve para vigilar las condiciones de la región amazónica y es conocido como el “satélite verde”.
El presidente Morales ha dicho que el satélite “Túpaj Katari” servirá para mejorar las comunicaciones en el país. Ese objetivo se podría lograr con una mínima parte de la capacidad del satélite venezolano. Bolivia podría también pedir ese mismo favor a Brasil, Argentina o Chile, para que le permitan usar una pequeña parte de la capacidad de sus satélites, pero probablemente el presidente Morales prefiera llevar su esquema de simpatías con Venezuela hasta el cielo.
Esa pequeña parte de la capacidad del satélite podría servir, además de ayudar a las telecomunicaciones, para que ENTEL no vuelva a dejar a seis departamentos del país sin el servicio, como ocurrió la semana pasada, para otros fines. Por ejemplo podría ayudar a la FELC a detectar la salida de la droga del país. Y corregir de esa manera un contrasentido: todos los días se descubren quince fábricas de cocaína en Bolivia, pero todas las capturas de droga que hace la FELC son de cocaína peruana. Es decir que la droga boliviana sale del país sin problema. El satélite de algún país amigo podría ayudar.
Y podría servir también para que la Corte Nacional Electoral detecte, desde el cielo, cómo es que algunos finados vienen, también desde el cielo, a votar puntualmente en referendos y elecciones.

Y el gas sin vender

domingo, 13 de septiembre del 2009 a las 12:03

Recuerdos del presente

Nadie quiere nuestro gas

Humberto Vacaflor

Los países vecinos están ignorando el gas natural boliviano de manera cada vez más preocupante.
Si no fuera que el país ha entrado en un nuevo proceso electoral, el caso del descenso del ingreso por la venta del gas tendría que ser la principal preocupación de los bolivianos.
El gobierno acaba de informar que las prefecturas de los nueve departamentos recibirán el próximo año 35% menos recursos del IDH que este año.
La prefectura de Oruro hizo saber que sus ingresos caerán de 106 a 69 millones de dólares, lo que la obligará a acudir a créditos externos, como seguramente tengan que hacer también las ocho restantes prefecturas. Es que las exportaciones a Brasil entre enero y julio solo fueron por 980 millones de dólares, frente a los 1.628 de igual periodo del año pasado.
La situación tiende a empeorar, a juzgar por la caída de la demanda del gas boliviano en los mercados de la región.
La semana pasada, la brasileña Petrobrás hizo saber que estaba avanzando en el proyecto de vender gas natural para vehículos a Chile. Rodrigo Zavala, representante de la empresa en Santiago, dijo que la operación se hará seguramente con gas natural licuado que sería desembarcado en la planta de regasificación de Quintero. Es decir que el gas brasileño llegará a Chile dando una enorme vuelta por el estrecho de Magallanes o por Panamá.
Mientras Brasil hace saber que, de veras, ya no necesita el gas boliviano, las miradas del gobierno boliviano, con señales de angustia, se dirigen hacia Argentina. Pero el secretario de Energía de ese país, Daniel Camerón, dice que el gas boliviano tampoco está en los planes de abastecimiento argentinos.
Los mensajes que produce el gobierno boliviano para el sector petrolero son contradictorios. Un funcionario habla de garantías para las inversiones y a los pocos minutos otro dice que el gobierno prepara una nueva reforma a la ley de hidrocarburos para incorporar los principios de la constitución (las empresas petroleras sólo pueden ser prestadoras de servicios de YPFB).
La mala conducción del sector petrolero ha hecho que los países vecinos no tomen en cuenta el gas boliviano y también que las empresas petroleras que operan en el país comiencen a perder la paciencia.
Un funcionario de Total dijo recientemente que para vender el gas hace falta también un poco de imaginación. Y sugirió que YPFB ofrezca financiar la construcción del ducto que hace falta para conectar las redes de Bolivia y Argentina, a fin de que las exportaciones puedan superar la actual barrera de 7 millones m3/d.
El tono de los petroleros está cambiando. Da la impresión de que las petroleras estuvieran ahora del otro lado del mostrador. El tigre que “nacionalizo” el petróleo en mayo de 2006 está en proceso de convertirse en gatito, aunque todavía no en alfombra.
Las empresas sugieren también que para alentar las inversiones, el gobierno cree un sistema de premios a los trabajos de exploración. Es decir que bajen los impuestos.
No es ninguna deshonra tomar esas decisiones. Cuba sólo cobra 30% de impuestos. Colombia comenzó pidiendo 70% y luego, pensándolo bien, bajó el impuesto a menos de 50%.
El propio Hugo Chávez tiene una política muy flexible. Ajusta los impuestos después de que se han hecho los descubrimiento, no antes.
Un poco de imaginación



La coca como única salida

lunes, 07 de septiembre del 2009 a las 13:27

Recuerdos del presente

Gas en liquidación

Humberto Vacaflor

Las cosas han ido muy mal para el gas natural boliviano. En este momento, aunque la producción ha bajado de 42 a 36 millones m3/d, hay un excedente que talvez se esté quemando, si no se lo está reinyectando al subsuelo.
Por lo tanto, el gobierno está lanzado a una campaña desesperada por encontrar mercados para el gas, sobre todo porque el dinero que debía generar el volumen que ahora no se vende estaba contabilizado en precisos cálculos de la Bolivia rentista.
Aquí se advierte una falta de coordinación entre las políticas de generación de ingresos y las de uso de los ingresos. Si el empeño y el entusiasmo que se pone en destinar los recursos a propósitos asistencialistas se hubiera puesto también en la generación de esos recursos, ahora no habría déficit.
Algo falla en el modelo económico que se aplica en el club países al que nos hemos incorporado. Hace pocos días, el Financial Times de Londres decía que el precio internacional del café había subido unos puntos debido a que Venezuela, que durante el siglo XX fue un exportador del grano, acaba de convertirse en importador porque su sector productivo está en crisis.
Para el caso del gas boliviano que no se vende, la actitud del gobierno tiene cariz de desesperación, pues ha llegado a mencionar la posibilidad de venderlo a Chile. Pensar en ese mercado no solamente es una paradoja para el partido de gobierno, que en 2003 hizo campaña para que ni siquiera pase por territorio chileno un gasoducto de exportación a ultramar; es también un contrasentido ahora que la política de acercamiento La Paz-Santiago está de retro.
Antes de mencionar el país tabú como mercado para el gas, el gobierno ha hecho una apurada lista de otros eventuales mercados. Volver a ofrecer a Cuiabá que, esta vez sí, juro por Dios, o por la Pachamama, el suministro será estable, seguro, garantizado, es una tarea difícil, sobre todo por la cantidad de veces que se ha demostrado lo contrario.
Pensar en que Brasil vuelva a comprar los volúmenes acordados es pensar un imposible, porque en ese país hay un excedente de 28 millones m3/d de gas.
El presidente Lula ha demostrado que puede aceptar que se le cuelgue al cuello un collar hecho de hojas de coca en el Chapare, pero no puede ofrecer que Petrobrás aumente sus compras de gas. Él puede jugar con la coca, pero no con el gas. El establishment brasileño le ha perdonado, muy a regañadientes, lo del collar de coca, pero no cedería un ápice en el tema del gas.
Los argentinos, por su parte, muestran que ellos están dispuestos a seguir recibiendo todos los años 5.000 toneladas de hojas de coca boliviana para acullicarla o destinarla a otros usos, pero de gas natural ni hablar. Quizá puedan aceptar incluso que se les cobre más por la coca, en la eventualidad de que el gobierno boliviano decida aplicar impuestos y aranceles a ese millonario rubro de exportación, pero del gas ni una palabra.
El círculo se está cerrando. No somos aptos para los negocios legales. Nos estamos especializando en actividades ilegales, non sanctas.
Por lo tanto, para colocar nuestro gas excedente quizá haya que hacer una campaña comercial que diga algo así como: “Gran oferta de temporada. Liquidación de gas natural, por cambio de rubro”.

El triunfo de las drogas

domingo, 30 de agosto del 2009 a las 12:11
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Recuerdos del presente

El triunfo de las drogas

Humberto Vacaflor

La decisión de la justicia argentina de legalizar la posesión de marihuana para uso personal, del mismo modo que de yerba mate, es la última señal de un cambio que se está dando en el continente, en el que los bolivianos estamos muy avanzados.
Poco a poco, nuestros países han ido dando carta de ciudadanía a las drogas, a tal punto que quienes no están en esta onda son calificados de despistados o, dicho de otra manera aunque con el mismo significado, de moralistas.
Lo que ha hecho la justicia argentina es reconocer una realidad: las drogas circulan libremente en nuestras sociedades. Las policías se dedican a interceptar el tráfico que hacen los mayoristas y han levantado virtualmente las manos en el caso del comercio minorista.
No se han legalizado las drogas, pero el dinero que generan circula en las economías de todos los países. Los ingresos que produce la cocaína son (lo dijo Milenio en estos días) el verdadero blindaje de la economía boliviana, del mismo modo que sirven para financiar un ejército de mercenarios en Colombia y otro en Perú, bandas que desafían al ejército en México y a la policía en Brasil.
El poder de la droga es el mayor riesgo para la paz y la unidad de los países, como se puede observar en Afganistán o en Somalia pero también en nuestra región. Las armas que usan los mercenarios colombianos salieron del ejército venezolano y las armas de las mafias cariocas del ejército boliviano.
La cadena humana de la droga forma un ejército muy grande y es una tentación para los políticos.
Hay que admitir que en Bolivia es donde se ha llegado más lejos en esto de aceptar a quienes participan en el negocio, pues el jefe de los proveedores ilegales de materia prima es el presidente del país.
Otros países encaran el tema con cierta hipocresía. El presidente de Brasil, Lula da Silva, estuvo de visita en el Chapare, lugar donde nació este ejercicio de honestidad boliviano de aceptar que su economía depende de actividades afines al narcotráfico.
El presidente Lula ha ordenado la eliminación de las plantaciones de cannabis que existían en la llamada “isla de la marihuana”, ubicada en el río San Francisco, estado de Pernambuco. A pesar de eso, vino al Chapare a hacer homenaje a las plantaciones ilegales de coca. En su país no permite lo que, en cambio, admira en Bolivia.
La incorporación de Bolivia a la economía ilegal comenzó con el argumento de que los cocaleros del Chapare no tenían otro ingreso sino el que les proporciona la venta de la hoja a los fabricantes de droga. Pero ahora eso ha dejado de ser cierto, pues los chapareños podrían dedicarse a otras actividades; si no lo hacen es porque están muy cerca de ser legalizados, como les ha ofrecido su líder.
Se ha propuesto un estudio para establecer cuánta coca consumen los bolivianos en el uso tradicional y el gobierno calcula que las 12.000 hectáreas autorizadas son insuficientes. De las 20.000 hectáreas ilegales que existen, quiere legalizar por lo menos 8.000. Ahora están cerca de tener un parlamento que cumpla este objetivo.
Los sectores afines a la droga en Bolivia no han hecho la guerra, como en Afganistán, ni guerrilla, como en Colombia o Perú. Han hecho política.

PS: La campaña de Hugo Chávez para que se reconozca a las FARC como fuerza beligerante en Colombia es otro triunfo de la droga. Por extensión se podría decir que es "fuerza beligerante" el comando de mercenarios de la cocaína que maneja Víctor Quispe Pañomino en la selva peruana. ¿Chávez quiere que América latina reconozca al poder económico de la droga como un actor legal en la región? ¿Sus conexiones con las FARC comprenden también el tráfico de cocaína? ¿En América latina, la nueva guerra fría es entre EEUU y el poder de las drogas?

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